RAYUELA
Fabian Francisco Serrano
chicotoyoserrano_196@yahoo.com
RESUMEN DEL TEMA
La rayuela No sólo título del libro:
metáfora central, figura básica que se desdobla en una cadena de imágenes. Con
este nombre, o con otros varios —tejo, marro…—, el juego infantil ha sido
popular en muchas regiones de España. Con el mismo nombre lo cita, por ejemplo,
Pío Baroja, en El cura de Monleón. Los elementos son siempre los mismos: una
piedrecita que se hace pasar, empujándola con la puntera, de un cuadro a otro,
Cortázar se ha fijado en una variante del juego que le permite el simbolismo,
porque la primera casilla se llama « Tierra» y la última, la meta, « Cielo» .
Así se lo explicó a Luis Harss: « Cuando pensé el libro, estaba obsesionado con
la idea del mandala, en parte porque había estado leyendo muchas obras de
antropología y sobre todo de religión tibetana. Además había visitado la India,
donde pude ver cantidad de mandalas indios y japoneses (…) suele ser un cuadro
o un dibujo dividido en sectores, compartimientos o casillas —como la rayuela—
en el que se concentra la atención y gracias al cual se facilita y estimula el
cumplimiento de una serie de etapas espirituales. Es como la fijación gráfica
de un progreso espiritual. Por su parte las rayuelas, como casi todos los
juegos infantiles, son ceremonias que tienen un remoto origen místico y religioso.
Ahora están desacralizadas, por supuesto, pero conservan en el fondo algo de su
antiguo valor sagrado. Por ejemplo, la rayuela que suele jugarse en la
Argentina —y en Francia— muestra a la Tierra y el Cielo en los extremos
opuestos del dibujo. Todos nos hemos entretenido de niños con esos juegos, pero
en mi caso fueron desde el comienzo una verdadera obsesión.» El juego es
mencionado repetidas veces, a lo largo de la novela. Lo ven Horacio y la Maga,
en sus paseos de enamorados, sin rumbo fijo, por las calles de París: «
deteniéndose en las placitas confidenciales para besarse en los bancos o mirar
las Tay uelas, los ritos infantiles del guijarro y el salto sobre un pie para
entrar en el Cielo» (4). Su amor queda identificado con la rayuela: « Por qué
no había de amar a la Maga y poseerla bajo decenas de cielos rasos de a
seiscientos francos, en camas con cobertores deshilacliados y rancios, si en
esa vertiginosa ray uela…» (21). También simboliza la búsqueda del nuevo
centro, una vez excentrado el habitual: « Eje, centro, razón de ser. Omphalos…»
(2). Jugando con el término, Oliveira, cuando llama por teléfono desde la
calle, está, a la vez, en la casilla —cabina— telefónica y empujando la
piedrecita: « Si, esta casilla no está mal» (100). La reflexión sobre Morelli,
situado ante la muerte, se une también a la del juego: « Morelli mirará a
Caronte. Un mito frente al otro. ¡Qué viaje imprevisible por las aguas negras!
Una rayuela en la acera: tiza roja, tiza verde. CIEL. La vereda, allá en
Burzaco, la piedrita tan amorosamente elegida, el breve empujón con la punta
del zapato, despacio, despacio, aunque el Cielo esté cerca, toda la vida por
delante» (113). La figura básica se diversifica en otras. Junto a los
clochards, en el puente sobre el Sena, Oliveira descubre el kibbutz del deseo:
« “La esperanza, esa Palmira gorda”, es completamente absurda, un borborigmo
sonoro, mientras que el kibbutz del deseo no tiene nada de absurdo, es un
resumen eso sí bastante hermético de andar dando vueltas por ahí, de corso en
corso. Kibbutz: colonia, settlemente, asentamiento, rincón elegido donde alzar
la tienda final, donde salir al aire de la noche con la cara lavada por el
tiempo, y unirse al mundo, a la Gran Locura, a la Inmensa Burrada, abrirse a la
cristalización del deseo, al encuentro.» Otra figura es, también, el
calidoscopio de los pederastas, en el coche de la policía, y el tercer ojo del
Zen, que « parpadea penosamente debajo del hueso frontal» (62). En el circo, el
agujero en lo más alto de la carpa: otra vez un centro, un ojo que se abre, un
orificio, la posibilidad que tiene el hombre, alguna vez, de subir al cielo
(43). En el patio del manicomio también está dibujada: « Cuando pisaron la rayuela, y a cerca de la entrada, Traveler se rió en voz baja y levantando un pie
empezó a saltar de casilla en casilla. En la oscuridad el dibujo de tiza
fosforescía débilmente» (51). Desde la ventana de su cuarto, observa Horacio
cómo juegan los locos: « El 8 jugaba casi toda la tarde a la rayuela, era
imbatible, el 4 y la 19 hubieran querido arrebatarle al cielo pero era inútil,
el pie del 8 era un arma de precisión, un tiro por cuadro, el tejo se situaba
siempre en la posición más favorable, era extraordinario. Por la noche la rayuela tenía como una débil fosforescencia y a Oliveira le gustaba mirarla desde
la ventana» (54). No es raro que sea un loco el que domine a la perfección el
juego. Ese loco jugador de rayuela es también, para Horacio, la Maga, que sueña
con alcanzar la última casilla: « el centro del mandala, el Ygdrassil
vertiginoso por donde se salía a una play a abierta, a una extensión sin
límites» (54). Cuando se encierra en su cuarto, protegido por piolines y
palanganas, Horacio va tirando las colillas al patio, desde la ventana: « los
puchos caían sobre la rayuela y Oliveira calculaba para que cada ojo brillante
ardiera un momento sobre diferentes casillas.» En su desesperación, teme que le
ataquen para « sacarlo-de-sus-casillas (por lo menos de la una hasta la ocho,
porque no había podido pasar de la ocho, no llegaría jamás al Cielo, no
entraría jamás a su kibbutz» (56). El texto clave sobre la rayuela es el que
cierra el primer libro, « Del lado de allá» . En el camión de la policía, junto
a los vagabundos y los pederastas, Horacio ha bajado a lo más profundo del
pozo, se ha hundido en la mierda, como Heráclito, y ve y a que el camino del
cielo es el del juego infantil: « La rayuela se juega con una piedrita que hay
que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un
zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está
el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo,
casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin
embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes
casillas (rayuela caracol, rayuela rectangular, ray uela de fantasía, poco
usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el
Cielo, hasta entrar en el Cielo (…) lo malo es que justamente a esa altura,
cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba
de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino coñete,
en la especulación de otro cielo al que también hay que aprender a llegar. Y
porque se ha salido de la infancia (…) se olvida que para llegar al Cielo se
necesitan, como ingredientes, una piedrita y la punta de un zapato» (36). En el
suelo, la clochard hace el contrapunto musical: « Et tous nos amours.»
Abstract
The text
invites a rereading of Rayuela, fifty years after its publication, in dialogue
with fragments of Cortázar’s correspondence. The author emphasizes a reflection
on the formalization of the “novel” genre, forms of literary renewal and the
reading practices that Rayuela proposes. The subject of the search, the playful
dimension, urban loitering, the language of lovers, woman and Western reason,
are elements that articulate a very close read to decant the characters.
Keywords: Julio Cortázar, boom, Rayuela, novel, Latin America, reader.
Palabras clave
Haga cosas absurdas con toda la
seriedad del mundo. Por ejemplo, ponerse a buscar un terrón de
azúcar en el suelo de un restaurante metiéndose debajo de las mesas. O guardar
con devoción un huevo frito podrido.
No haga citas al modo habitual con sus
amigos o amantes.Cítese en un barrio y confíe en el azar para
encontrarse con ellos. Esto viene del modo de vida surrealista (ver, por
ejemplo, «Nadja» de Breton). Tenga en cuenta que «la gente que se da citas
precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta
desde abajo el tubo de dentífrico».
Nunca apriete desde abajo el
tubo de dentífrico
Actúe sin intención ni finalidad
alguna. Por
ejemplo: visite en el hospital a alguien a quien no conoce, o entre en el
primer acto público que vea, ya sea concierto, conferencia, etc. Así podrá
conocer a personas interesantes o a chiflados de aúpa, y en ambos casos lo
pasará bien.
Escuche «jazz». Oliveira tiene gustos
definitivamente clásicos: no soporta el «bebop». Céntrese en Armstrong (al que
llamará «Satchmo»), pero compárelo desfavorablemente con Bix Beiderbecke.
Hable «glíglico». Idioma inventado por la Maga.
El capítulo 68 está todo en «glíglico»: «Apenas le amalaba el noema, a ella se
le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en
sustalos exasperantes…».
No sea adulto. («No somos adultos, Lucía. Es un mérito que se paga
caro.»)
Keywords: [es] Cortázar ; Rayuela ; Juego
Keywords: [es] Cortázar ; Rayuela ; Juego
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